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...Con Bolaño me sucedió lo mismo que con Kurt Cobain, me enteré de su existencia cuando ya estaba muerto. Lo recuerdo bien, corría el 2003 cuando anunciaron su muerte en las noticias. Me llamó la atención que un escritor chileno fuera tan valorado en España, mientras que en Chile poco y nada se conocía de su obra, pero vamos… nadie es profeta en su tierra, lo mismo pasó con Mistral y hasta el día de hoy a nadie le preocupa.
De hecho, estoy segura que se hizo mas conocido gracias a la ridícula intervención que cometió una guapa coanimadora que todos deben recordar, aquella que en medio de un programa (seguro era un matinal) le informaron que Roberto Bolaño había |
muerto, y ella oscureciendo el rostro y entre suspiro y suspiro, dijo, al mismo tiempo que cavaba su propia tumba televisiva: - ¡Qué pena porque a mi me gustaba taaanto Chespirito!-
En fin, Bolaño se hizo conocido por el error de una iletrada. Que absurdo más motivante para comenzar a leerlo. El primer libro que compré fue: Llamadas telefónicas (1996), que enseguida me atrapó con el primer cuento “Sesini”, una historia entre dos escritores que nunca se habían visto y que, sin embargo, intercambian correspondencia para informarse mutuamente sobre concursos literarios. En general Llamadas telefónicas son narraciones que transcurren entre las vivencias de escritores y de seres comunes aquejados por el absurdo de la vida. Después de aquel libro, como la lectora obsesiva que soy, busqué y busqué más bibliografía de Bolaño. Caí en las bibliotecas públicas y en las estanterías de amigos, debo aclarar que este autor está publicado por Anagrama, que es lo mismo que decir que sus libros son carísimos para el bolsillo de un estudiante o para peor de un escritor.
De esa forma conseguí leer Putas asesinas (1996), La pista de hielo (1998) y Estrella distante (1996). Pero sin duda faltaba el mejor Los detectives Salvajes (1998) novela con que ganó el premio Rómulo Gallegos. Es extraño, pero “Los detectives” llegó a mis manos gracias a un español. Estaba en un café de Lenguas en Francia, nos presentaron y nos pusimos a hablar de literatura. Me contó que era escritor y yo le conté que era chilena, pronto me preguntó por Bolaño. El Final de la conversación fue en su casa y claro, me prestó el libro.
Qué puedo decir del libro, exactamente lo mismo que del español, me cogió desde el inicio. Seguro me influyó que la novela se desarrollará entre las andanzas de poetas relativamente perdedores. Sin embargo, a mi parecer, la calidad del texto se sostiene en su estructura múltiple, en la consistente construcción de los personajes, en el manejo del lenguaje y por supuesto en lo que esta significa, pues de alguna forma relata la historia personal de todos aquellos que vivimos en la posmodernidad.
Estructuralmente la novela esta dividida en tres partes: En la primera y en la última, la historia es asumida desde la visión de Juan García Madero, un joven poeta amigo de los protagonistas, y en la segunda, a mi juicio, la más interesante es perspectivista, es decir, está construida desde un punto de vista múltiple. La historia narra las hazañas de dos poetas que pertenecen al “Real visceralismo”, movimiento poético inventado por Bolaño, en la búsqueda por la madre del movimiento Cesárea Tinarejo. Lo sorprendente está en que son los personajes secundarios los que construyen a través de su mirada a los protagonistas: Arturo Belano (alter ego de Roberto Bolaño) y a su compañero Ulises Lima un poeta enigmático y solitario. Por esta razón es que el lector jamás tiene la convicción de que lo que le están contando sea realmente así. De ésta forma está obligado a asumir el rol de detective. Lo de “salvajes” quizás es porque ambos protagonistas son latinoamericanos: Belano es chileno y Ulises mexicano. Bueno lo que me queda por decir de estas 583 páginas son un buen un ejemplo de cómo subgéneros como la novela policial y el diario pueden ser la base para que acaezca una buena historia que trasciende y evoca la presencia de una vida que se escapa y a la vez nos ahoga y de una generación cuyo sendero está determinado por la impotencia frente a un mundo donde la incoherencia se hace evidente. |