
|

Hace unos días leí una entrevista que Bruce le hace a Karl Lagerfeld, en viceland.com. Estaba yo paseándome por algunas páginas, haciendo un recorrido habitual, cuando lo encontré sin buscarlo. Como salir a comprar cualquier cosa y llegar con el periódico, porque aparece el anuncio de que Lana Turner ha sufrido un colapso. Como el texto del poeta norteamericano Frank O’hara. Claro que quién yo suponía que sufriría un colapso era LaBruce o Lagerfeld o ambos a la vez, porque yo no podía imaginar situación más compleja, que dos personalidades tan contrastantes, con intereses tan variados, estuviesen juntos en una mesa conversando de un par de trivialidades, del futuro de la moda y del marxismo. |
A pesar del contraste, yo adoraba a ambos, por razones claramente opuestas. Lagerfeld es un personaje elegante, con un ego desmedido, uno de los diseñadores más importantes del mundo que, además, es la cabeza creativa de Chanel. LaBruce es un director al que he aprendido a admirar desde hace algún tiempo, desde que vi Otto; or up with dead people (2008) y Skin Flick (1999), que se pasea de la forma al discurso como quien va por el corredor de una casa, y maneja la pornografía como la forma de un discurso, y maneja el marxismo panfletario como el discurso de una forma. Además es un director militante gay, el cineasta del queercore, un pornógrafo punk con personajes originalísimos: sus homófobos nazis gay, sus revolucionarios gay secuestradores y sus actores porno gay que ruedan películas de orgías zombies.
Leí la entrevista con toda la desconfianza del mundo: mucho elogio, mucha frase bien armada y políticamente correcta. LaBruce le dice a Lagerfeld que intuye que tiene el síndrome de Asperger (un trastorno autístico que se da en las personas superdotadas) a lo que Lagerfeld responde: “Eso es exactamente lo que soy”. Y todo se vuelve aun más complicado cuando veía que la entrevista comenzaba con LaBruce escribiendo acerca de lo mucho que se parecía con Lagerfeld. Todo lo contrario a lo que pensé encontrar; al ver el anuncio imaginé de inmediato el barro y la piscina inflable.
Al pensar unos días en la entrevista uno debiera notar fácilmente porque no termina en una pelea de barro: Lagerfeld es un tipo inteligentísimo, no creo que tenga el síndrome de Asperger, pero al menos manejaba la conversación a su gusto. No es el frívolo demencial y maniático, que por alguna razón misteriosa, los documentales que he visto sobre él (Lagerlfeld Confidential y Signé Chanel) hacen creer. Creo que lo más obvio era pensar en una suerte de duelo de egos, pero también era lo más pobre: LaBruce tiene una honestidad intelectual increíble y Lagerfeld es un tipo brillante que entiende el rol político en la ropa y aun así puede verla como un espacio creativo tan válido como la pintura o la poesía. Si Lagerfeld hubiese sido un idiota o LaBruce un tipo deshonesto, que se hubiese sentido amedrentado por estar frente al Papa de los maricas, parafraseándolo, esto efectivamente hubiese terminado como esperaba yo al ver el anuncio.
La pelea la imaginé yo. De la misma forma que imaginé al director porno punk radical y al diseñador frívolo con sus anillos por miles. Ambos son muchos más de los que se les ha caricaturizado y, sin embargo, me imagino que esa entrevista muestra bastante de lo que son ambos. O eso me gusta imaginar ahora, cuando ya no necesito ni el barro ni la piscina inflable.
algunos trabajos de Bruce LeBrucd

|